Tengo que reconocer que sufro del síndrome del final feliz, y creo que no soy la única. Los síntomas son sencillos de detectar: inmediatamente que conozco a un hombre con quien me gustaría entablar una relación, empiezo a imaginarnos juntos. Mi mente forma todo tipo de imágenes: imágenes de salidas, imágenes bajo las sábanas, imágenes de viajes juntos, por qué no.
Siempre en busca del preciado final feliz, como en los cuentos de hadas.
Si el éxito me acompaña y se da el primer encuentro, y ese viene precedido por otros, muchas veces se concretan las imágenes en pro del final feliz.
Otras el síndrome del final feliz condiciona las relaciones y terminamos decepcionadas de aquellas que no se comportan como un cuento de hadas moderno.
Pero el síndrome existe, y no creo ser la única que lo padece.
Siempre en busca del preciado final feliz, como en los cuentos de hadas.
Si el éxito me acompaña y se da el primer encuentro, y ese viene precedido por otros, muchas veces se concretan las imágenes en pro del final feliz.
Otras el síndrome del final feliz condiciona las relaciones y terminamos decepcionadas de aquellas que no se comportan como un cuento de hadas moderno.
Pero el síndrome existe, y no creo ser la única que lo padece.