Hay situaciones que se pueden resolver de manera simple, otras requieren creatividad e ingenio. Otras, infinita paciencia. Resolver de a poco, despacio, moviendo las piezas milimétricamente.
En otros casos, tal vez los menos, o tal vez los más, se requieren soluciones drásticas. Terminar con todo el problema, sin anestesia, de un golpe y para siempre.
Y cuando se trata de amor, o desamor, no es posible aseverar que una opción duela menos que la otra. Con o sin anestesia, aceptar la realidad implica que alguna vez nos peleamos con ella, pataleamos, pero que atravesamos la tormenta.
Porque después de la tormenta, aunque sea por un tiempo, siempre sobreviene la calma.
En otros casos, tal vez los menos, o tal vez los más, se requieren soluciones drásticas. Terminar con todo el problema, sin anestesia, de un golpe y para siempre.
Y cuando se trata de amor, o desamor, no es posible aseverar que una opción duela menos que la otra. Con o sin anestesia, aceptar la realidad implica que alguna vez nos peleamos con ella, pataleamos, pero que atravesamos la tormenta.
Porque después de la tormenta, aunque sea por un tiempo, siempre sobreviene la calma.