Frida Kahlo nació en una sociedad autoritaria y machista, donde ser mujer era un desafío, y ser mujer y artista, casi una ilusión. Nacida en una familia acomodada, inteligente y autodidacta, tuvo una vida colmada de infortunios, que retrató en cada una de sus pinturas.
No fueron las enfermedades ni el tranvía que la postró en una cama, lo que la marcó para siempre. Su mayor tortura fue su mayor fuente de felicidad: enamorarse de Diego Rivera. Enamorarse obsesivamente, en medio de celos, infidelidades y desprecio, haciendo que el amor y el odio, lejos de ser opuestos, se convirtieran en complementarios.
"Yo he sufrido dos accidentes graves en mi vida; uno, en un tranvía que me tumbó... el otro accidente es Diego", bromeaba Frida, tal vez intentando convencerse que los amores que matan nunca mueren.
No fueron las enfermedades ni el tranvía que la postró en una cama, lo que la marcó para siempre. Su mayor tortura fue su mayor fuente de felicidad: enamorarse de Diego Rivera. Enamorarse obsesivamente, en medio de celos, infidelidades y desprecio, haciendo que el amor y el odio, lejos de ser opuestos, se convirtieran en complementarios.
"Yo he sufrido dos accidentes graves en mi vida; uno, en un tranvía que me tumbó... el otro accidente es Diego", bromeaba Frida, tal vez intentando convencerse que los amores que matan nunca mueren.
Y morirme contigo si te matas
Y matarme contigo si te mueres
Porque el amor cuando no muere, mata
Porque amores que matan nunca mueren
Y matarme contigo si te mueres
Porque el amor cuando no muere, mata
Porque amores que matan nunca mueren
Joaquín Sabina (Contigo)
