Iguales

En una charla de café, Alejandro, un verdadero encantador de serpientes, me tiró su verdad a la cara, sin anestesia:

“Por más que digas que todas las historias se parecen en algún punto, vos estás convencida que somos todos diferentes. Esa idea de unicidad que siempre me repetís, es la base de lo que yo entiendo que es un error.”

“¿Cuál es el error? ¿Pensar que somos únicos y terminamos siendo burdas copias de lo que queremos ser? En definitiva, eso también nos haría diferentes. La copia se distingue del original, podrán ser similares pero nunca iguales, ¿no?”

“Ese es el punto. Lo que pasa es que creo que todos somos diferentes, y es eso lo que nos termina convirtiendo a todos en iguales”

Seguí tomando mi café, y me cuestioné si a veces no sería bueno de escuchar ciertas mentiras piadosas.


Eternidad

¿Cuánto dura el amor? ¿Cuatro años como según los estudios científicos dura el enamoramiento? ¿Toda la vida, como juran los románticos? O tal vez días, como descreen los incrédulos.

¿Vivimos un solo gran amor o el amor se renueva en cada intento? Conozco hombres que dicen enamorarse de una mujer diferente cada día, y parejas de 90 años que solo conciben un amor único y eterno.

A veces me pregunto, ¿y si solo viviéramos un gran amor que durara un día y no fuera eterno? Sin dudarlo lo viviríamos a pleno, sin preocuparnos por el mañana y sin pensar en las cargas del pasado. Tal vez así, entenderíamos el significado de la palabra eternidad.




Razones sin razón


"El corazón tiene razones que la razón no entiende" – Blaise Pascal

Luego de una relación fallida, un amor no correspondido o un desengaño amoroso es común escuchar el clásico “Me enamoré como una idiota, no entiendo cómo pudo pasarme”. Ahora, me pregunto ¿hay quienes se enamoran como idiotas y otros lo hacen inteligentemente? Es más, ¿cuando una relación funciona responde necesariamente a nuestra inteligencia al enamorarnos, y viceversa?

Aun pensando que no hay una fórmula infalible, creo que el éxito de una pareja no está en la inteligencia o desinteligencia con que se enamoren las partes en cuestión. Y no estoy dejando todo en manos del factor suerte u otros vericuetos del destino, sino que siempre están en juego una multiplicidad de factores que condicionan una relación o cualquier otra circunstancia de la vida diaria.

Tal vez mis preguntas no tengan respuesta, pero sigo creyendo firmemente que es mejor ser una idiota por intentarlo, que ser una idiota por no hacerlo.

Buscar vs encontrar

“Ella está en el horizonte -dice Fernando Birri-. Me acerco dos pasos, ella se aleja dos pasos. Camino diez pasos y el horizonte se corre diez pasos más allá. Por mucho que yo camine, nunca la alcanzaré. ¿Para que sirve la utopía? Para eso sirve: para caminar.” – Eduardo Galeano (Ventana sobre la utopía)


Debe haber pocas sensaciones más placenteras que la de llegar a la meta, lograr el objetivo, cumplir con aquello que tanto anhelamos. Sin embargo, así como ese instante de gloria representa la suma de mucho esfuerzo, también implica un fin: el fin de la búsqueda, del empeño, del disfrute de estar cada vez más cerca de lo que queremos.


La forma en que concebimos esa dualidad buscar-encontrar es la que determina cómo será nuestro comportamiento durante la búsqueda, y el posterior a ella. Quien disfruta de la búsqueda por la búsqueda misma, obtener el resultado probablemente le genere una sensación de hastío y una inminente necesidad de proseguir con otras búsquedas.

Quien, por el contrario, tome la búsqueda como una pérdida de tiempo, un derroche de energía o un proceso sin sentido, desesperará por obtener un resultado y se conformará con lo primero que encuentre. Si la suerte lo acompaña, tal vez sea lo que tanto anhelaba, si la suerte le es esquiva, probablemente caiga nuevamente en el sacrificio de la búsqueda.

Otros se dedicarán a abandonar constantemente sus búsquedas, y sustituirlas por nuevas búsquedas, tal vez por solo hecho de disfrutar de ellas o de evitar llegar a la meta y abandonar el movimiento. Otros temerán buscar nuevos caminos, y se aferrarán a sus pocas certezas, seducidos por la inercia.

El eterno buscador de una nueva conquista amorosa, el empleado inconforme con su trabajo pero temeroso de volver a la búsqueda, el estudiante ansioso por un título que cree que cambiará su la vida. Todos vivimos esa dualidad, está en nosotros elegir cómo la desarrollamos.