Rebelde sin causa


En una de las tantas charlas con mi querido Encantador de Serpientes, me hizo una pregunta cuya respuesta vengo esquivando desde hace tiempo: “A veces tengo la sensación que vos sos una rebelde de la sociedad. ¿O me equivoco?”.

Con tal planteo cualquiera podría pensar que formo parte de un grupo subversivo o busco aislarme de la sociedad. Pero la pregunta tenía un cariz completamente diferente: la sociedad demanda una vida redonda: carrera, trabajo, pareja, hijos. La rebeldía se plantea en la aparente falta de interés en alguno de esos ítems.

Tuve que reconocer que los primeros ítems los tildé con facilidad y en tiempo record. Los otros dos aun están en el debe, y hacia ahí se dirigía la pregunta. Podría haber optado por una respuesta larga y hacer una cronología suficiente para ilustrar con satisfacción una lista de motivos. Podría haber desviado el tema, y con una sonrisa terminar la conversación. Podría haber dicho tantas cosas, sin embargo encontré un sentido introspectivo y terapéutico en esa pregunta.

Entendí que todos tenemos capas: una capa externa que mostramos y nos presenta socialmente, una capa que le sigue y la conocen los allegados, y así sucesivamente hasta llegar a un núcleo a veces inconfesado. ¿Cuál es la capa genuina? Todas, porque nos componemos por todas ellas.

Así, respondí una a una las interrogantes del Encantador de Serpientes: ¿si quiero tener pareja y abandonar los galanes de turno? El núcleo (la capa del fondo) me dice que sí. Pero no como una demanda social, sino como una forma de construir una cuota de felicidad en conjunto.

Entonces, ¿por qué la capa más visible no me muestra como Susanita gritando a los cuatro vientos que busco al hombre de mi vida? Porque reconozco que no tuve historias de cuentos de hadas, y la seudo rebeldía es un mecanismo de defensa autogenerado.

Pero también, ante la atónita mirada de mi querido amigo, debí reconocer que no hay mecanismos de defensa que valgan cuando aparece alguien capaz que mover toda la estructura y llegar a la capa del centro. En ese momento, no hay rebeldía que valga.

Contradicciones III

“Ni la contradicción es indicio de falsedad, ni la falta de contradicción es indicio de verdad.” - Blaise Pascal

Las contradicciones, tan irracionales como emocionales, nos recuerdan el carácter humano de nuestra existencia. Fácilmente podemos encontrar casos donde se contradice lo dicho con lo hecho, lo sentido con lo expresado.

Pero hay otras contradicciones, más profundas aun, que se burlan incluso de nuestras convicciones. Será por eso que cuando el galán de turno llama todos los días, nos sentimos agobiadas, pero cuando no llama, desesperamos por que suene el bendito aparato.

En definitiva, tan irracional como humano.

Vuelta de página

Diciembre genera alegría, reencuentros, ansias, reflexión y tantas otras emociones más. Es un mes igual pero diferente a los otros.

Es el mes en el que se termina el trajín del año y deviene un tiempo de descanso. El mes de los proyectos y de la tortura por lo que no se hizo. El mes de los balances y la lista de ideas para el año siguiente.

Siempre lo viví así: un mes más pero con una vuelta de página. Vuelta de página personal o compartida, interna o externa, visible o invisible.

Brindo con ustedes, quienes del otro lado de la pantalla me acompañaron todo el año. Por sus vueltas de página que permitan generar cientos de historias nuevas.

¡Felices fiestas!

El síndrome del ahora

Basta con que diciembre comience a visualizarse en el almanaque para que me vea afectada por el síndrome del ahora.

Con la mayor ansia deseo que todo lo que postergué el resto de los once meses se cumpla en los próximos diez minutos, que se adelanten las reuniones de fin de año, que el brindis de Navidad no demore tres semanas y la licencia llegue antes de lo esperado.

Que por arte de magia mis compromisos laborales terminen rápidamente, que me enamore a la vuelta de la esquina, que los libros que descansan en mi mesa de luz sean leídos hasta la última página, y que este blog vuelva a actualizarse semanalmente.

La ansiedad hace que muchas de esas situaciones no se cumplan, algunas se posterguen más aun, y otras sean definitivamente descartadas. Sin embargo, esa misma ansiedad me genera el empuje y la inspiración necesarios para terminar de cerrar proyectos, y comenzar a gestar otros.

Durante diciembre quiero que todo se cumpla ahora, pero afortunadamente, el resto del año tengo claro que el “ahora” no necesariamente es sinónimo de cosecha, sino también se siembra, y riego diario.