Hablando de las relaciones entre hombres y mujeres, hace unos días un amigo me dijo: “no hay nada peor que la incertidumbre, un “no” es menos complicado”. Y tiene razón.
Sin duda que cuando lanzamos una propuesta, estamos impacientes por escuchar un seguro y cálido “si”. Pero cuando esa deseada afirmación no se escucha, soy de las que prefieren un despectivo y ruin “no” a una respuesta que deje la puerta abierta y que sea fuente de esa inagotable y detestable incertidumbre.
Un “si” o un “no” nos dan certeza, nos presentan las posiciones con nitidez, nos permiten saber hacia donde se dirigen las circunstancias. La incertidumbre, en cambio, nos hace caminar a tientas, sin rumbo y a veces sin sentido.
Un “no” es un punto final, nos hace replantearnos las cosas, lamernos las heridas y seguir caminando como se pueda. Por eso muchos prefieren la incertidumbre, embriagándose en ese agridulce sabor de la esperanza.
Es difícil encontrar la nitidez de los extremos y las posibilidades intermedias son infinitas y no todas pueden ser descartadas a priori. Pero tampoco no todas las respuesta son válidas, todos necesitamos nuestras certezas. Sin ellas no podemos aprender, no podemos saber en qué ganamos y en qué perdimos. Y en definitiva, hay que aprender a aceptar las pérdidas. Solo así se pueden encontrar cosas nuevas.
Sin duda que cuando lanzamos una propuesta, estamos impacientes por escuchar un seguro y cálido “si”. Pero cuando esa deseada afirmación no se escucha, soy de las que prefieren un despectivo y ruin “no” a una respuesta que deje la puerta abierta y que sea fuente de esa inagotable y detestable incertidumbre.
Un “si” o un “no” nos dan certeza, nos presentan las posiciones con nitidez, nos permiten saber hacia donde se dirigen las circunstancias. La incertidumbre, en cambio, nos hace caminar a tientas, sin rumbo y a veces sin sentido.
Un “no” es un punto final, nos hace replantearnos las cosas, lamernos las heridas y seguir caminando como se pueda. Por eso muchos prefieren la incertidumbre, embriagándose en ese agridulce sabor de la esperanza.
Es difícil encontrar la nitidez de los extremos y las posibilidades intermedias son infinitas y no todas pueden ser descartadas a priori. Pero tampoco no todas las respuesta son válidas, todos necesitamos nuestras certezas. Sin ellas no podemos aprender, no podemos saber en qué ganamos y en qué perdimos. Y en definitiva, hay que aprender a aceptar las pérdidas. Solo así se pueden encontrar cosas nuevas.