Incertidumbre

Hablando de las relaciones entre hombres y mujeres, hace unos días un amigo me dijo: “no hay nada peor que la incertidumbre, un “no” es menos complicado”. Y tiene razón.

Sin duda que cuando lanzamos una propuesta, estamos impacientes por escuchar un seguro y cálido “si”. Pero cuando esa deseada afirmación no se escucha, soy de las que prefieren un despectivo y ruin “no” a una respuesta que deje la puerta abierta y que sea fuente de esa inagotable y detestable incertidumbre.

Un “si” o un “no” nos dan certeza, nos presentan las posiciones con nitidez, nos permiten saber hacia donde se dirigen las circunstancias. La incertidumbre, en cambio, nos hace caminar a tientas, sin rumbo y a veces sin sentido.

Un “no” es un punto final, nos hace replantearnos las cosas, lamernos las heridas y seguir caminando como se pueda. Por eso muchos prefieren la incertidumbre, embriagándose en ese agridulce sabor de la esperanza.

Es difícil encontrar la nitidez de los extremos y las posibilidades intermedias son infinitas y no todas pueden ser descartadas a priori. Pero tampoco no todas las respuesta son válidas, todos necesitamos nuestras certezas. Sin ellas no podemos aprender, no podemos saber en qué ganamos y en qué perdimos. Y en definitiva, hay que aprender a aceptar las pérdidas. Solo así se pueden encontrar cosas nuevas.

La teoría del puzzle

Mi amiga G ve la vida como un puzzle. Día a día estamos tratando de armarlo con las piezas que tenemos guardadas, las que a duras penas vamos encontrando o las que caen en nuestras manos como por arte de magia.

El puzzle está compuesto por todas nuestras facetas: amor, trabajo, amistad, ideas, sueños, alegría y tristezas. Todo está allí aunque nadie sabe a ciencia cierta cuantas piezas tiene el puzzle: 200, 500, 1000 tal vez?

Cada pieza tiene un lugar, y condiciona al resto. Una pieza mal ubicada y todo un sector se desarma. Cuántas veces nos empecinamos con que una situación o una persona debe de encajar en nuestra vida! Ponemos toda nuestra energía en que funcione y no entendemos por qué las cosas no salen como deben ser! Todo para luego darnos cuenta, que esa situación o esa persona que veíamos como pieza fundamental de nuestro puzzle, no era más que una pieza secundaria o simplemente formaba parte de otros puzzles, pero no del nuestro.

Por momentos es fácil armarlo, como un juego de niños nos divertimos buscando las coincidencias, ganando terreno con nuestros descubrimientos, encajando cada pieza con su complementaria. Pero hay otros momentos en que se hace difícil y nos cuestionamos cuál es el sentido de ese puzzle, si tenemos que seguir con él o armar uno nuevo, partiendo de cero.

No hay dos puzzles iguales. Está en nosotros elegir cómo armar el nuestro y el lugar que cada pieza va a ocupar.
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* Como cambié la plantilla ahora los comentarios están arriba, después del título del post. Espero no complicarlos!

Expectativas

Cuando somos niños siempre soñamos con nuestra vida adulta: carrera, trabajo, familia, casa, hijos, etc.

Hoy en día mi vida es bastante diferente a lo que yo soñaba cuando era niña, principalmente por cómo se fueron dando las cosas. Es probable que los cambios se deban a una adaptación a la realidad de esos sueños infantiles, a la generación de nuevos sueños o a los cambios de expectativas.

La realidad nos transforma al mismo tiempo que nosotros intentamos transformarla. Y así los sueños se cumplen, mutan o simplemente volvemos a fojas cero a buscar otras expectativas qué cumplir.

Contradicciones II

“If you want to know what a woman really means - which, by the way, is always a dangerous thing to do - look at her, don't listen to her”

Oscar Wilde (A woman of no importance)

Las contradicciones entre el decir y el hacer, características del ser humano, son parte de la esencia del mundo femenino.

Pero surge una tercera contradicción: el hacer, el decir y el sentir. Históricamente las mujeres hemos sido educadas para esconder nuestros sentimientos. Y con los años, si bien muchas cosas cambiaron, nuestro nuevo rol social nos “obliga” a ser fuerte y meter la emotividad en un cajón. Y así, generar nuevas contradicciones.

¿Será por eso que el significado de “no me importás más” no tiene ningún sentido si lo decimos llorando?