Futuro


“El futuro tiene muchos nombres. Para los débiles es lo inalcanzable. Para los temerosos, lo desconocido. Para los valientes es la oportunidad.” - Victor Hugo


Desde el comienzo de los tiempos, el ser humano se ensañado en descubrir que le depara el futuro. Para eso se basó en ideas filosóficas, religiosas, mágicas y hasta teorías sociológicas, explicando cuál es la consecuencia de determinados comportamientos sociales.


Civilizaciones enteras se construyeron en torno a la idea del destino, el elegido por ellos mismos, o el impuesto por los Dioses. El destino fatal, o el destino divino. El destino que está escrito y del que no podemos desligarnos, que forma parte de nuestro ser desde el día que nacimos, pero aún así, queremos saber hacia dónde nos lleva.


Cartas, borra del café, bolas de cristal, alineación de los astros, lectura de las manos. Todo sirve para develar el misterio del futuro.


Pero en definitiva, podemos proyectar, soñar, sembrar, intentar adivinar… pero el futuro solo es comprobable cuándo se convierte en presente. Y si supiéramos nuestro destino, el presente perdería su sabor.

Cuestión de elección

“Cuando debemos hacer una elección y no la hacemos, esto ya es una elección.” - William James

Nuestras elecciones nos caracterizan, nos distinguen, pero también nos condicionan. Si nos preguntamos cuáles fueron las elecciones más importantes de nuestra vida, probablemente pensemos en el día que decidimos formar una familia, iniciar nuestra carrera, hacer ese viaje que nos cambió la vida o la forma de verla.

Sin embargo, creo que las elecciones más importantes son las que no se recuerdan. Esas que no se anotan en la agenda o se destacan en la lista anual de objetivos cumplidos. Pensemos en una pareja, ¿el inicio de la relación es la elección más importante? Probablemente haya marcado un cambio, un antes y un después. Pero no es lo esencial, lo esencial es esa elección que tomamos a diario, de elegir a esa persona todos los días.

Elegir implica un cambio, pero también una continuidad. Y son ambos los que nos caracterizan, los que en definitiva, nos hacen elegir a diario quién queremos ser.

Palabras

Las palabras que no van seguidas de hechos no valen para nada” - Demóstenes


¿Cuál es el significado de las palabras? No me refiero significado que nos da el diccionario, la respuesta sería demasiado sencilla y yo bastante vaga al no procurarme la misma. Cuando digo “significado” me refiero al valor de las palabras, al valor de lo dicho, de lo pactado, de lo ya acordado.


Está claro que las palabras se las lleva el viento, pero creo que en definitiva somos los seres humanos los que dejamos que así sea. Las palabras dichas tienen un valor incalculable, las palabras de amor, de compromiso, de odio, de desprecio, de diversión o de lamento. Todas tienen un significado que debe ser respetado y no cambiado de acuerdo a la dirección que tome el viento de las circunstancias.


Tal vez alguien crea que sin compromisos se vive más liviano, con menos preocupaciones y con menos dolores de cabeza. No logro acostumbrarme a esta circunstancia.

Reglas de juego

Hay quienes crean las reglas de juego de manera unilateral, imponiendo las decisiones a su antojo, sin siquiera preguntar si el otro está de acuerdo. Otros en cambio, se enriquecen de las opiniones de los demás, generan nuevas reglas de acuerdo a las circunstancias de la pareja, grupo o multitud.

En cualquier da de los casos, desde el momento en que decidimos participar del “juego”, estamos aceptando sus reglas. Podemos cuestionarlas e intentar cambiarlas, pero partimos de la base que esas reglas existen y que debemos comportarnos de acuerdo a su consigna.

Nunca entendí a los hipócritas que cuando las cartas no salen a su favor, categóricamente deciden retirarse del juego. Puedo patalear, enojarme, necesitar escapar, pero sé que nada de eso da una solución al problema. Yo prefiero barajar, y dar de nuevo. A ver si la suerte, vuelve a estar de mi lado.